junio 28, 2010

en el espejo


baja la escalera con una cadencia de tango valseado, con pequeños saltos totalmente fuera de ritmo, pues la melodía que se escucha es una melancólica evocación rachmaninoviana-electroacústica.

la veo a medias porque el soporte metálico de la escalera se interpone entre ella y su imagen en segmentos intercalados.

pero distingo la figura: de perfil, un tanto desproporcionado el cuerpo larguirucho y flaco con la melena que se escapa en todo lo largo de la trenza que pretende sujetarla. una mecha color paja clara desde la frente le abanica la cara como aura desencaminada.

tiene porte de alegría en tensión… la bolsa de ixtle viejo, que aun conserva los colores originales del tejido en franjas verticales, en la mano derecha, le estorba para bajar con celeridad y confianza.

lleva una ropa atemporal: jeans viejos y bien cuidados, una cadena al cuello sujeta una piedrita balanceada entre el pecho y el reflejo, que con cada saltito se eleva y regresa a la camiseta holgada de escote bajo y manga larga, también color paja.


adivino que ella lo sabe: la luz del mechón y la del pecho se complementan y le dan un porte de volatilidad a su presencia un tanto esquiva, un tanto desenfadada.

de espaldas, mientras mira al techo -no sé qué le llama la atención- , me recuerda a un imposible chelo pintado por Dalí, medio escurrido y alargado con un cuello muy fino y curvado hacia atrás, que se tensa en armoniosa provocadora insolencia al caminar.

parece más joven de lo que es, y menos despistada de lo que puede ser. y casi podría asegurar que no le gusta ser observada, porque al final de la escalera por el espejo me mira con mohín de intimidad violentada.


Junio 28, 2010.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Quién será?

La describe pero no habla todavía la morra esa. O a lo mejor es fantasía, sueño o visión.

Hay personajes que no existen...

Ya veremos

marmota dijo...

@@@

no habló esta vez

quizá después

@@@

ale bridge