junio 11, 2010

bitácora del encierro



día 1.

los últimos rayos indecisos de sol
dejan en la piel su sabor frutal
maduro y firme.


día 2- hora prima.

lejos, la campana al ángelus,
como lamento.
cerca, la sorpresa brusca del rayo arrebatado
tan estridente.

día 3- hora sexta.

aquí arriba
la ciudad es una villa
de chapas colocadas con esperanza.

día 5- hora sexta.

en aquel borde distingo un desierto
y otro desierto más acá, en el corazón.

día 8- hora nona.

un leve viento trae cenizas de otro tiempo inmemorial.
y llena el aliento de formas incontables;
cosas que desconozco:
cosas de luz oscura
como círculo mágico de algún chamán.

vísperas.

las nubes, globos sin rumbo,
traen el rumor de la vida;

día 14- ángelus, hora prima.

la lluvia palpita, late y corre detrás del viento
y acaricia el ciprés
con tristes presagios, serenamente.

día 15.

todo es silencio.


día 17- laudes.

en la calle la tarde busca en las voces del agua
sus respuestas.

hora nona.

en el balcón cada gota
dice el nombre del silencio alado
con susurros tangibles de siroco perdido.

día 19 – completas.

envuelto en hojas, como pequeño gorrión, un destello de sol huye de la noche
en el guijarro pequeño de luz carmesí,
obstinado.

dia 20- maitines.

cada fachada es secuela de símbolos ocultos que esperan a la luna nueva.
saben que sobrevive la luna
más que el poema.

laudes.
cuánta tristeza en los ojos negros
de las ventanas cerradas

completas.
mil vuelos vibran en el aire
buscando estrellas.

día 23.

en nada diferente al día de ayer:

el aire trae perfumes sin pedirlos nadie.





junio 9, 2010.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Su diario de batalla es bello. Paciente. La guerra es cuestión de espera. Cada día se escribe en piedra, la de la vida, como labra sobre estela maya.

Y sus días sisifonianos siguen cayendo, y usted lo cuenta, los narra y los comunica.

ale bridge