octubre 12, 2009



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la hojarasca de octubre
se esparce lánguida y crujiente.

y se deja caer con el claro de luna,
como confeti.

y se deja llevar
rizada
como puntillas de galas pasadas

bajo las bancas del parque, arrinconada,

desparramada por las calles,

oculta en aleros y tejados,

ceñida en sí misma

abrazando ensueños, acaso,
de una luna blanca en abril.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

las hojas de hierba, ausentes de clorofila... sin sangre en las venas.

Me cuadra su poesia... digna de Samhain y su muerte del bosque.

marmota dijo...

@@@

las hojas secas del otoño siempre me han intrigado:

tienen un canto ronco, como de silencio en penumbras....

son criaturas de las noches blancas, noches yang interiores en cada uno de nosotros, aunque no las reconozcamos

@@@

Anónimo dijo...

El otoño, en esta tierra ha sido apresurado. Los maples parecen confusos -las ardilla y zorrillo también, y ni qué decir de los ganzos que emigran o no, y andan despistados-,algunos cambian sus hojas y otros siguen verdes y tercos... los hay que ya están pelones como cerros de Torreón.

En un mes las hojas desaparecerán... eso de seguro.

marmota dijo...

@@@

por alguna extraña razón, el otoño es gran amigo .... cómplice... semillero tardío

el mundo se va aletargando, la vida parece terminar... pero surge un ave magnífica de los vestigios casi fríos que ocupan mi entorno


@@@

ale bridge