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de mi mano come la tarde su luz.
somos viejas amigas.
(le llevo debajo de la piel,
en el pan y el vino,
debajo de las manos cosida
y desnuda)
desprendiendo al tiempo de su miga, camina, se va.
busco en la mirada un indicio de mi amado
para tocar
y hablar
y amarlo como ama una amapola:
en el destello de la tarde que se extiende a la oscuridad.
desde la calle
sube de nuevo el tiempo
inquieto
jadeante
a decir su verdad:
ya es tiempo,
ya es tiempo.
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